sábado, 15 de julio de 2017

Sociedad

     

    Dejo aquí unas palabras de Pedro Algorta, superviviente del accidente de avión de los Andes de 1972, según aparecen en el libro La sociedad de la nieve:
Nosotros descubrimos en la montaña que el ser humano puede ponerle límites al sufrimiento y, probablemente, —esto es una perspectiva personal—, puede ponerle límites a la felicidad. Uno tiene capacidades relativas de sufrir y ser feliz.
     Es opinión de uno de los dieciséis que pudieron regresar, tras más de setenta días atrapados en la nieve. Comentarios que el libro aúna con los sucedidos de aquella gesta de resistencia, para ofrecer una lectura del todo estimable.

domingo, 9 de julio de 2017

Cosas mías


       "Ni besos, ni abrazos", me decía. "Yo saludo siempre con un apretón de manos. Un palmo es una medida histórica, y a mí me sirve para ofrecer aprecio mesurado".


domingo, 21 de mayo de 2017

Despertares


     En una entrada de su blog, fecha 18 de abril, Andrew Rilstone, británico esforzado, se duele de la tesitura política de su país, con una letanía áspera que, en el remate, expresa dramáticamente una involución social:

a veces pienso que la gran guerra que los mayores nos prometieron al final sí ocurrió y los cuarenta años extra que nos pasamos ideando tipos nuevos de café y mirando gatitos y pornografía fueron un sueño producto de la radiación y pronto la nube habrá desaparecido y saldremos de nuestro refugio interior al invierno nuclear y continuaremos con nuestras actividades habituales

por fin lo hemos conseguido.

    Puedes leer el texto entero aquí: http://www.andrewrilstone.com/2017/04/damn-this-country-damn-this-countrys.html

viernes, 19 de mayo de 2017

Cosas mías


                                                    Aquel escritor murió por complicaciones expresivas.


miércoles, 17 de mayo de 2017

En concierto

    
     Viernes noche, concierto de Biznaga en la sala El Sol. Un público entregado corea las consignas de la facción sombría: Una ciudad tan buena / para morir como otra cualquiera... La respuesta gremial me agrada, pero cuando pienso en ello no veo el motivo. Sé que estoy ante un acto de comunión, emocional, del que no obstante mi interés no participo. Me cuesta disfrutar de las canciones en vivo, no importa el grupo. Quizás porque la trama anímica que se forma con las escuchas repetidas, con la evocación asidua de los temas, es rigurosamente personal en mi caso. La de los conciertos es una realidad distinta: las referencias, los protagonistas son otros. El artista aparece como dueño de la música, salvo cuando el público se levanta para intentar arrebatarle ese dominio y… ¡Eso es! Eso es lo que me llama la atención, lo que me atrae en el concierto de Biznaga. Y aquí callo mis desafectos y simpatías por la banda, que nada tienen que ver con esto. Cuando el auditorio se hace presente en los estribillos, y reivindica lo particular en lo compartido, estoy, sin saberlo, asistiendo a una victoria individual. Aunque sea, paradójicamente, a través del colectivo. De ahí mi satisfacción, en la noche de concierto en la sala El Sol.

domingo, 30 de abril de 2017

Definición


selvedad

       1. f. En camino rústico, medra vegetal que complica el paso.
       2. f. Salvedad de difícil comprensión.


miércoles, 26 de abril de 2017

V. La naturaleza y la índole


      Que el sentir nacional inglés comenzara a formarse cuando el país estaba en lucha con España en ningún caso justifica que, a día de hoy, se mantenga un concepto falso ya de inicio, a saber, que España por naturaleza es taimada, violenta y vacua, y cobarde por añadidura.
      Los extremos verbales son hoy tan extraños que resultan pintorescos, pero lejos de tenerse por ocurrencias deben considerarse como la manifestación más visible de una hispanofobia que opera aún en ciertos sectores del Reino Unido, donde reaparece con sorprendente facilidad. Preguntándome por el motivo de su persistencia, lo que encuentro, leyendo las declaraciones, los artículos y comentarios de cariz hispanófobo es un deseo de continuidad de un modo de ser nacional que, desafecto del presente, busca un asidero en el hito cultural del odio o el desprecio a España.
      Si una parcela de la moderna sociedad de las islas no ha conseguido liberarse de semejantes prejuicios, más allá de la educación recibida ha de considerarse la guía equívoca del poder más conservador, que, a fin de elevar la moral británica, incide en el error a conveniencia —en el caso que nos ocupa, para conjurar las inseguridades del brexit.
      Sería mala noticia que, ahora que el Reino Unido debe afirmar una identidad al margen de la Unión Europea, se sirviera con ese fin de negativas nociones de antaño. Británicos y españoles perderíamos aún más con ello.